Estándares editoriales y de evidencia

Así seleccionamos afirmaciones, jerarquizamos documentos, separamos hechos de inferencias y corregimos nuestras conclusiones.

Propósito y alcance

La Verdad Incómoda es un proyecto mexicano de verificación y alfabetización mediática. Su propósito es ayudar a que una afirmación pública pueda examinarse mediante evidencia accesible. Publicamos verificaciones de datos, declaraciones, documentos, imágenes, videos y mensajes difundidos en redes, además de guías que explican métodos reproducibles.

No evaluamos si una persona completa es “verdadera” o “falsa”. Tampoco sustituimos una sentencia, un peritaje, una auditoría oficial ni el trabajo de campo. El objeto de cada investigación es una afirmación delimitada: quién hizo qué, cuándo, dónde, con qué cantidad y según qué documento. Las opiniones se identifican como opiniones y solo se comprueban sus premisas factuales.

Selección de temas

Elegimos afirmaciones concretas, relevantes y con posibilidad razonable de comprobación. Se consideran su circulación pública, impacto potencial, actualidad y disponibilidad de documentos. Una publicación viral no recibe prioridad únicamente por el número de reacciones. También verificamos afirmaciones oficiales, empresariales y periodísticas que pueden influir en decisiones públicas.

Evitamos convertir rumores privados, acusaciones imposibles de documentar o asuntos puramente personales en contenido. Cuando el material original no puede recuperarse, buscamos copias indexadas, transcripciones y referencias contemporáneas. Si esas vías no permiten identificar la tesis central, no inventamos una reconstrucción: se informa la limitación y no se asigna credibilidad numérica.

Formulación de la afirmación

Antes de buscar, transcribimos la frase relevante y la dividimos en proposiciones. Una oración puede contener un hecho real, una cifra incorrecta y una conclusión causal no demostrada. Verificar el lugar de un evento no confirma automáticamente quién originó una protesta; confirmar una reducción estadística no demuestra qué política la produjo.

El título de nuestra verificación debe reflejar el punto decisivo sin exagerarlo. Conservamos las palabras absolutas —“todos”, “nunca”, “canceló”, “provocó”— cuando son parte de la afirmación, porque pueden cambiar el resultado. También registramos fecha, autor, plataforma y enlace para que el lector sepa exactamente qué fue revisado.

Jerarquía de fuentes

Priorizamos documentos primarios pertinentes: leyes y resoluciones para decisiones jurídicas; bases y notas metodológicas para estadísticas; grabaciones completas para declaraciones; expedientes, contratos e informes para actos administrativos; archivos originales y credenciales de procedencia para contenido digital. Una fuente es valiosa por lo que puede acreditar, no por su afinidad política.

Las fuentes oficiales son primarias respecto de lo que una institución decidió o registró, pero sus interpretaciones también requieren contraste. Una infografía gubernamental puede resumir correctamente una base o seleccionar únicamente el periodo favorable. Del mismo modo, una investigación periodística puede aportar documentos decisivos, pero su prestigio no vuelve verdaderas todas sus inferencias.

Cuando un tema técnico lo exige, consultamos estándares, artículos académicos, especialistas identificables y declaraciones de quienes dirigen la medición. Revisamos muestra, universo, fecha de corte, significancia estadística, cambios metodológicos y población cubierta. No convertimos una diferencia numérica en tendencia ni una coincidencia temporal en causalidad.

Independencia y contraste

Diez portales pueden repetir una sola nota. Para no confundir volumen con corroboración, buscamos la fuente matriz, comparamos horas, textos, créditos y enlaces, y agrupamos las réplicas. Consideramos independientes las fuentes que obtuvieron evidencia por procesos distintos o que aportan documentos diferentes para la misma proposición.

La investigación busca activamente evidencia favorable, desfavorable y neutral. No aplicamos un equilibrio artificial entre una prueba sólida y una opinión sin respaldo. El contraste consiste en someter la hipótesis inicial a documentos capaces de confirmarla o refutarla. Cuando dos fuentes difieren, explicamos si miden universos, periodos o conceptos distintos antes de decidir cuál responde mejor la pregunta.

Significado de los veredictos

CIERTO

La evidencia pertinente respalda la afirmación central sin una omisión que cambie sustancialmente su sentido.

FALSO

La evidencia contradice la afirmación central o demuestra que el hecho, atribución, cifra o relación presentada no ocurrió como se afirma.

PARCIAL

Una parte sustantiva está respaldada y otra es incorrecta o no está demostrada. El texto explica cada componente por separado.

ENGAÑOSO

Utiliza datos auténticos, pero el encuadre, la unidad, el periodo, la atribución o el contexto conduce a una interpretación materialmente equivocada.

NO VERIFICABLE

La evidencia disponible no permite confirmar ni refutar responsablemente la afirmación. No es sinónimo de falso ni de cierto.

Videos, imágenes y redes sociales

Un fragmento auténtico puede inducir a error si elimina una pregunta, negación o respuesta posterior. Localizamos la versión completa, comparamos duración y cortes y distinguimos el audio realmente escuchado de subtítulos o resúmenes automáticos. En actos colectivos no atribuimos gritos a una persona o grupo sin evidencia audiovisual suficiente sobre su origen y destinatario.

En imágenes separamos tres preguntas: si el archivo es auténtico, si fue manipulado y si el contexto atribuido es correcto. Las anomalías visuales y detectores automáticos son indicios, no pruebas únicas. Buscamos procedencia, versiones anteriores, otras cámaras, metadatos disponibles y compatibilidad con lugar y fecha.

Una cuenta muy activa o anónima no es automáticamente un bot. La automatización y coordinación requieren una muestra definida, horarios, textos, secuencias y patrones reproducibles. La veracidad del mensaje se comprueba independientemente de su amplificación. Para atribuir una red a una persona u organización se necesitan vínculos técnicos, financieros o documentales adicionales.

Intencionalidad, orientación y conflictos

La falsedad de un contenido y la intención de engañar son preguntas distintas. Una equivocación puede surgir de un dato preliminar o una lectura defectuosa. Para sostener intención buscamos conocimiento previo de la falsedad, repetición después de una corrección, edición deliberada, instrucciones, pagos vinculados o coordinación documentada. Si no existen esas pruebas, la intención se presenta como no demostrada.

La orientación editorial de un medio puede ofrecer contexto, pero nunca decide el veredicto. Los contratos, propiedad y conflictos de interés se documentan con registros y periodos precisos. Un contrato no prueba que una publicación concreta haya sido ordenada; afirmar pago por mentir exige evidencia vinculada al contenido revisado.

Uso responsable de inteligencia artificial

La inteligencia artificial ayuda a extraer texto, organizar afirmaciones, localizar documentos y comparar evidencia. No es una fuente y puede equivocarse. Los resultados automáticos deben conservar las limitaciones de acceso y nunca declarar que se vio o escuchó material no recuperado. Cuando el proveedor técnico no responde, el sistema muestra un fallo operativo y no lo convierte en veredicto factual.

Las verificaciones publicadas incluyen revisión editorial, enlaces directos y una explicación que permite comprobar la conclusión. Actualizamos controles cuando detectamos un error recurrente. La automatización debe ampliar la capacidad de revisar documentos, no fabricar certeza.

Correcciones, réplica y actualizaciones

Cualquier persona puede señalar una frase y aportar evidencia mediante el canal editorial. Distinguimos correcciones sustantivas, aclaraciones, actualizaciones y cambios tipográficos. Si un error afecta titular, cifra o veredicto, se modifica todo el material relacionado y se deja una nota fechada que explique el cambio.

El derecho de réplica permite incorporar documentos y la posición de una persona afectada; no obliga a aceptar su conclusión sin contraste. Si aparecen hechos posteriores, se publica una actualización. Si la evidencia ya existía y fue omitida, corresponde una corrección. Nuestro objetivo es conservar un historial auditable, no borrar silenciosamente los errores.

Publicidad y separación comercial

La publicidad financia infraestructura, pero no interviene en la selección de temas, las fuentes ni los veredictos. Los anunciantes no reciben revisión previa ni capacidad de modificar contenido. Los espacios publicitarios deben distinguirse del texto editorial y no se presentan como evidencia.

Estos estándares se revisaron el 10 de septiembre de 2026. Para conocer el procedimiento operativo consulte la metodología; para aportar documentos o solicitar una corrección utilice el canal editorial.