Las capturas de pantalla se comparten como si fueran documentos completos. Sin embargo, una imagen puede recortar el remitente, cambiar la fecha, ocultar páginas o reproducir una interfaz falsa. La primera regla es no confundir legibilidad con autenticidad: que un texto pueda leerse no demuestra quién lo creó ni cuándo.
Identifique qué se afirma sobre la imagen. ¿Se presenta como correo, oficio, conversación, decreto, expediente o publicación eliminada? Cada tipo exige una fuente distinta. Un decreto debe localizarse en el diario oficial; una sentencia, en el órgano judicial; un comunicado, en el dominio institucional; y una publicación, en el perfil atribuido o en un archivo confiable.
Busque la versión completa. Utilice fragmentos distintivos entre comillas, números de expediente, firmas, fechas y encabezados. Compare tipografía, márgenes, folios, sellos y estructura con documentos auténticos de la misma institución. Estas señales ayudan a detectar anomalías, pero no deben convertirse en una prueba aislada: los formatos cambian y también pueden copiarse.
Revise la coherencia interna. Compruebe que el día de la semana corresponda con la fecha, que el cargo existiera en ese momento, que el dominio sea correcto y que las referencias legales estuvieran vigentes. Los errores ortográficos o visuales son indicios, no veredictos. Un documento real puede contener errores y uno falso puede estar cuidadosamente diseñado.
Si dispone del archivo original, conserve una copia sin modificar y revise metadatos con cautela. Estos pueden revelar software, fechas o autor, pero también pueden borrarse o alterarse. Calcule una huella digital cuando el material sea relevante y documente la cadena de recepción. No publique datos personales innecesarios.
En filtraciones, autenticidad y contenido son preguntas separadas. Un archivo auténtico puede interpretarse fuera de contexto; una colección puede mezclar documentos reales con piezas falsas. Confirme elementos concretos con fuentes independientes y busque respuesta de la persona o institución afectada. La ausencia de respuesta no prueba la acusación.
Las capturas de conversaciones requieren especial cuidado porque pueden fabricarse fácilmente. Verifique continuidad, identificadores, zona horaria y, cuando exista cooperación de los participantes, el contenido desde el dispositivo o exportación original. Evite afirmar delitos o intenciones con una imagen aislada.
El informe final debe indicar qué pudo autenticarse, qué solo resulta compatible y qué permanece sin demostrar. Incluya el enlace al repositorio oficial o documento completo cuando sea público. Si únicamente existe la captura, dígalo claramente. La transparencia sobre el límite de la evidencia protege tanto al público como a las personas mencionadas.
Cadena de procedencia
Una captura muestra píxeles, no garantiza el archivo original. Registre quién la publicó, cuándo apareció, qué documento pretende representar y si existe una versión descargable. Compare tipografía, encabezados, folios, firmas, metadatos y formato con documentos auténticos de la institución, pero recuerde que una falsificación puede imitar esos rasgos. La confirmación más fuerte proviene del expediente, emisor o repositorio correspondiente.
Cuando reciba un archivo, calcule y conserve su huella digital, trabaje sobre una copia y documente cada conversión. Revise propiedades internas sin asumir que autor o fecha son infalibles: también pueden modificarse. Busque referencias cruzadas, números de oficio, anexos y consecuencias administrativas compatibles.
Privacidad y publicación
No difunda domicilios, identificaciones, datos médicos o información de terceros solo porque aparezcan en una filtración. Redacte lo necesario y explique la autenticidad sin republicar material dañino. Si únicamente puede confirmar que la imagen circula, dígalo así. “No se hallaron señales de edición” no equivale a “documento auténtico”; la conclusión debe reflejar el nivel real de procedencia comprobada.